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Adán, Abraham y el Apocalipsis

En los Estados Unidos el tema de la raza es polémico. Nos desafía a pensar en nosotros mismos, en nuestra identidad y en las experiencias de las comunidades marginadas.

La violencia racial nos recuerda que Estados Unidos continúa teniendo un problema que afecta a las razas. En 2020, fuimos testigos de un clamor público a través de marchas, protestas y vigilias. Había un deseo de exponer el racismo en todas sus formas y construir una sociedad más inclusiva y equitativa.

Para muchas personas, como yo, la raza moldea la identidad. Ciertamente, también soy un hijo de Dios y un creyente pentecostal. He nacido del Espíritu y estoy conectado a la familia de Dios que trasciende las fronteras nacionales y raciales.

Pero también vivo en un mundo en el que la gente no puede ver mi identidad pentecostal del mismo modo que ve mi identidad racial. La raza aparece cada vez que conduzco mi coche, ando por la calle o entro en una tienda. La raza está a mi alrededor. Esta realidad ineludible forma parte de mi vida cotidiana al ser parte de una minoría en Estados Unidos.

Como estudioso del Nuevo Testamento especializado en raza y etnicidad en la antigüedad, sé que la Biblia tiene mucho que decir sobre estos temas. La Biblia es una larga conversación sobre el evangelio redentor para todas las razas.

Hoy en día, la palabra «raza» evoca fenotipos, como el color de la piel o el pelo. En la antigüedad, la gente entendía más la raza en términos de la patria, la cultura, la genealogía, la lengua e incluso la religión.

Pero ¿qué dice la Biblia sobre la raza y la etnia? ¿Qué guía podemos encontrar en las Escrituras para navegar por los desafíos de la justicia racial a los que nos enfrentamos hoy en día? Para responder a estas preguntas, tenemos que empezar por el principio.

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