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La casa del alfarero


Saludos y bienvenidos a la edición de julio de 2006 de «Creando Conexiones», de la Oficina de Relaciones Hispanas y Étnicas. Este mes, los Estados Unidos de América celebrará su 250.º aniversario. Estamos agradecidos por todo lo que Dios ha hecho en nuestra nación, pero, sobre todo, por el hecho de que nuestros padres fundadores defendieron el derecho de sus ciudadanos a adorar libremente a Dios y a practicar su fe sin prohibiciones. La historia nos enseña que las naciones y las civilizaciones han subido y caído, y que Dios mismo determina sus tiempos señalados. El apóstol Pablo, dirigiéndose a los hombres de Atenas desde el Areópago, dijo de Dios, “y de uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitación, para que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotros” (Hechos 17:26-27). Por lo tanto, no podemos tomar nada por sentado y debemos dar siempre gracias a Dios. Espero que se unan a uno de los sitios de oración designados de las Asambleas de Dios, ubicados en todo el país, el 4 de julio de 2026, a las 9:00 a.m. en cada zona horaria, o que simplemente se unan en oración a esa hora desde dondequiera que se encuentren.

Hoy quiero hablar brevemente acerca del mensaje de Dios al profeta Jeremías que se encuentra en Jeremías 18. La razón para referirme a este bien conocido pasaje, conocido como el mensaje de Dios a Jeremías desde la Casa del Alfarero, es que en él se explica cómo las naciones se levantan y caen, y que es, en efecto, Dios quien revela Su plan y propósito sobre todas las naciones. En Jeremías 18:1-6, leemos que Dios le dijo a Jeremías que se levantara y bajara a la casa del alfarero para observar al alfarero. Leamos Jeremías 18:3-6 NTV que dice, “Así que hice lo que me dijo y encontré al alfarero trabajando en el torno; pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo. Después el SEÑOR me dio este mensaje: «¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos”.

Este mensaje, dirigido al profeta Jeremías, ilustró visualmente la misericordia de Dios y su disposición a restaurar a una nación que le había dado las espaldas y se había vuelto pecadora y corrupta ante Él. Dios estaba diciendo que cuando una nación se arrepiente de su maldad, Él puede reconstruirla. Esta había sido la historia de Israel, el pueblo de Dios, y este mensaje les fue dado como uno de los muchos que Dios había estado enviando, demostrando Su paciencia y Su deseo de restaurarlos en lugar de destruirlos. Se encaminaban al juicio a manos de los babilonios, pero Dios les ofreció su hesed, que en hebreo significaba su misericordia y bondad amorosa, si volvían a Él. Pero este mensaje también estaba destinado a muchos más que al pueblo de Israel. Se aplicaba a cualquier nación, como leemos en Jeremías 18:7-10 NTV: “Si anuncio que voy a desarraigar, a derribar y a destruir a cierta nación o a cierto reino, pero luego esa nación renuncia a sus malos caminos, no la destruiré como lo había planeado. Y si anuncio que plantaré y edificaré a cierta nación o a cierto reino, pero después esa nación hace lo malo y se niega a obedecerme, no la bendeciré como dije que lo haría.”

El mensaje de Dios a Jeremías en la Casa del Alfarero es aplicable a los Estados Unidos de América. Creemos que Dios ha levantado a esta nación y la ha bendecido y la ha hecho prosperar. Los Estados Unidos ha tenido más oportunidades de escuchar el evangelio de Jesucristo que cualquier otra nación. A lo largo de nuestra historia, hay momentos demostrables en los que Dios ha enviado avivamientos espirituales que han cambiado la orientación moral de la población, haciendo que la gente vuelva a una vida recta ante Dios. ¿Hemos podido, como nación, evitar la ira y el juicio de Dios más de una vez? Creo que los historiadores pueden confirmarlo. ¿Ha salvado Dios a nuestra nación de guerras y calamidades más de una vez? Creo que muchos estarán de acuerdo con eso. Los Estados Unidos de América ha sido bendecido por Dios y necesita Su bendición continua. ¿Por qué caen las naciones? ¿Qué les sucede a las naciones que han sido bendecidas por Dios, que son muchas, pero que luego comienzan a declinar? ¿Cómo sucede esto? El apóstol Pablo nos da algunas respuestas en Romanos 1:18-22, donde se lee: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad; porque lo que se conoce acerca de Dios es evidente dentro de ellos, pues Dios se lo hizo evidente. Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa. Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se volvieron necios.”

Fíjate en que la caída comienza cuando una nación deja de honrar a Dios o de darle las gracias. A algunos eso les puede parecer insignificante, pero la ingratitud marca el momento en que las naciones empiezan a caer en una dinámica de futilidad y oscuridad. Pero por eso Pablo, en la misma parte de su carta a los Romanos, escribió, “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego” (Romanos 1:16).

El camino de vuelta a una vida de luz y rectitud se encuentra en el mensaje de la cruz. El perdón y la restauración de Dios se encuentran en Jesús y, por eso, como demuestra la historia de Estados Unidos, nuestra nación ha salido de tiempos muy oscuros porque el evangelio de Jesucristo se ha predicado fielmente en las iglesias e incluso en las esquinas de las calles de muchas ciudades de nuestra nación. ¡El mensaje de La Casa del Alfarero sigue ofreciendo esperanza a Estados Unidos y a cualquier nación dispuesta a presentarse humildemente para honrar a Dios y Su nombre, darle gracias y escuchar Su mensaje de salvación a través del Señor Jesucristo! Amén y amén. ¡Feliz 4 de julio!

Dennis Rivera
Director, Relaciones Hispanas & Étnicas